STOP

En estos tiempos que corren, que vuelan más bien, se hace imprescindible la reflexión.

Todo va demasiado deprisa. Nos hemos subido a un tren que ha ido incrementando su velocidad sin que nos hayamos dado cuenta y ahora saltar de él nos da miedo. Corremos hacia ninguna parte. Estamos obsesionados en contar cuanto antes lo que pensamos, lo que estamos haciendo o alguna frase ingeniosa que se nos acaba de ocurrir. Para ello nos armamos con un ordenador, una tableta o un teléfono.

Cuando se produce una noticia de última hora buscamos rápidamente un dispositivo informático para escupir lo que opinamos al respecto y ver lo que opinan otros. Antes de leer la información completa o reflexionar lo suficiente. Si hay que discutir se discute, si hay que faltar al respeto a alguien se hace, porque sabemos que si traspasamos la legalidad nos escuda un falso anonimato que nos hace más valientes.

No pensamos, no reflexionamos. Vivimos por impulsos. Igual que en las películas, están los buenos y los malos y no cabe reflexión posible. Si todo el mundo dice que los mercados son malos (cosa que no dudo) son malos y punto y lo que tenemos que hacer es criticarlos, insultarlos y decir que son malvados en todas las redes sociales, pero si algo o alguien es bueno, como lo que sucedió con la muerte de Steve Jobs, nuestro deber como sujetos atrapados en la red social es decir que era una persona maravillosa, o un genio de su tiempo.

Esa fijación que tenemos por valorarlo todo como bueno o malo hace que nos olvidemos de hacernos una pregunta muy simple: ¿Por qué? ¿Por qué los mercados son malos? ¿Por qué el gobierno de Rajoy es mejor o peor que el de Zapatero? ¿Por qué acabo de escribir en la red que steve Jobs era el mejor?  ¿De verdad lo creemos? ¿Tenemos argumentos que sostengan nuestra opinión sobre el tema?

He puesto el ejemplo de las redes sociales y nuestra dependencia a la informática, pero se puede trasladar perfectamente a cualquier reunión social, barra de bar o conversación de ascensor. Vivimos en un mundo que gira muy deprisa, la información nos sale por las orejas, pero si no nos paramos a pensar, a reflexionar, nunca podremos llegar a entenderlo y mucho menos mejorarlo.

 

 

  1. enero 16, 2012 a las 12:27 pm

    Mucha razón tienes, amiga. Opinamos de todo sin tener criterios que nos avalen esa opinión. Y esto se extiende a todos los niveles sociales, por desgracia. Me uno a tu petición de reflexión.

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